«NO HAY PAISAJE»

Paisajes Tejidos
Claudia Larrain Mery para LOFscapes
06.08.2019
(1) William Hogarth, Analysis of Beauty, Plate 1 (1753) publicada en Prints of Hogarth´s work (London, 1772) en www.royalacademy.org.uk

A comienzos de este año, en una columna de opinión publicada en el diario El Mercurio bajo el título “No hay paisaje”, el escritor y crítico literario Pedro Gandolfo señalaba: “Chile no es una sociedad que cultive el paisaje. Eso se advierte a cada rato, en todos las instancias, en todos los segmentos sociales”. Para quienes intentamos construir cultura de paisaje en Chile, las palabras de Gandolfo nos plantean un importante desafío: ¿cómo crear, conservar y enriquecer una mirada rica en paisaje en la sociedad chilena?

Earlier this year, a local newspaper published an editorial under the title «There is no landscape». Writer and literary critic Pedro Gandolfo said: «Chile is not a society that cultivates the landscape. This is noticed at all times, in all instances, in all segments of society”. For those of us who intend to develop landscape culture in Chile, Gandolfo’s words pose an important challenge: How do we create, preserve and enrich a sensible landscape prospect in Chilean society?

Cuando a nosotros, los chilenos, se nos pregunta por Chile, aludimos constantemente a la riqueza y diversidad geográfica de nuestro país, siendo Chile un lugar único y especial por su geografía y sus productos. Respecto a nuestras ciudades o elementos urbanos, nos referimos bastante menos; situación similar sucede con elementos culturales tales como artesanías, comidas típicas, bailes, entre otros. Prácticamente no mencionamos personas o personajes relevantes.

Chile para los chilenos es naturaleza virgen, pródiga, generosa, diversa, prístina, fuente de recursos que sostienen al país, que le permite su desarrollo, que produce orgullo y emoción. Lo humano sobre lo natural no identifica a Chile. El orgullo de ser chileno no proviene tanto de lo que hacemos, sino de lo que tenemos, sobre lo que no hemos intervenido. No intervenir la naturaleza es visto como positivo, intervenirla implica destruir lo que somos, lo mejor que tenemos (1).

El arquitecto, Premio Nacional de Arquitectura, Germán del Sol señala “el amor a los chilenos por el territorio nos impide verlo tal como es. Es en parte naturaleza brutal y en parte paisaje cultural. Es decir, que se cultiva. El territorio que habitamos, también en nuestra imaginación y en nuestros sueños, incluye la naturaleza pura que hay que preservar intocada e inculta, y una parte cultivada que nos cobija, que es el paisaje mismo” (2).

(1) Fundación Imagen País, Estudio Metafórico Hacia una Imagen de Chile por los Chilenos, año 2009.
(2) Germán del Sol, “HidroAysén y sus oportunidades”. Columna de Opinión publicada en diario La Tercera, 12 de mayo de 2011.


A comienzos de este año, en su columna de opinión en el diario El Mercurio, el escritor y crítico literario Pedro Gandolfo nos advertía no hay paisaje en Chile, señalando que nuestro país “tiene una riqueza gigantesca en cuanto a diversidad geográfica, complejidad y pureza. Pero la cultura, que es la que convierte esa riqueza física en paisaje, es tristemente pobre”. Para Gandolfo, la contemplación de la naturaleza en cuanto paisaje supone no solo una sensibilidad personal, sino que está mediada por una construcción cultural. Esa capacidad colectiva de apreciar la belleza de la naturaleza no es un don que crezca y actúe de modo automático, espontáneo y de suyo, sin mediaciones. Es posible ser insensible al paisaje, es posible ser ciego al paisaje, es posible desarrollar una cultura tosca en que la posibilidad de relacionarse con la naturaleza en cuanto a paisaje se sacrifique completamente a otros objetivos pragmáticos. “Chile no es una sociedad que cultive el paisaje” señala Gandolfo tajantemente (3).

(3) Pedro Gandolfo, “No hay paisaje”. Columna de Opinión publicada en diario El Mercurio, 23 de febrero de 2019


La palabra paisaje, como indica el arquitecto español Javier Maderuelo, en su libro “El Paisaje. Génesis de un concepto”, proviene del ámbito del arte para designar un género de pintura y surge, en la cultura occidental, a principios del siglo XVI. En aquel momento, pintores franceses consideraron necesario utilizar una palabra diferente a las que ya existían para territorio, tierra o país. En principio, con ella se hizo referencia a la representación pictórica del país: un paysage era un cuadro que representaba la vista de un país. La palabra paisaje no nació como sinónimo de territorio, país o medioambiente, situación que hoy suele suceder, sino como término que supone una sensibilidad cultivada capaz de ampliar el contenido de las anteriores, como término estético, lleno de connotaciones. El paisaje pasó a ser cierta extensión de terreno que adquiere unidad gracias a la mirada de una persona que lo valora en sí mismo, es decir estéticamente (4).

(4) Federico López Silvestre, “El Paisaje, ¿nace o se hace?”, Mètode 58 Paisatge/s. Revista de difusión de la investigación de la Universitat de València. (Valencia: Universidad de Valencia, Verano 2008) 101


La estética, en este contexto, no se define como sinónimo de estilo o forma visual. Más bien, se refiere a un concepto filosófico y práctica intelectual en el que las sensaciones físicas y la reflexión intelectual se reconcilian a través de nuestra imaginación. Directamente relacionada con la estética, la sensibilidad describe la capacidad de discernir un conjunto particular de propiedades formales y efectos sensoriales. Y, al igual que la estética, una sensibilidad no es inherente a un objeto ni se genera únicamente por un sujeto, más bien existe en la interfaz entre los dos (5).

(5) David Salomon, “Towards a new infrastructure: aesthetic thinking, synthetic sensibilities” en Journal of Landscape Architecture, 11, 2016: 54-65


La escritora y filósofa estadounidense Susan Sontag señala que el surgimiento de sensibilidades formales específicas, por parte de grupos determinados de personas, en momentos históricos precisos, revela nada menos que una expresión válida, y diferente, de “lo que significa ser humano”. Una sensibilidad es un dispositivo táctico, tangible y temporalmente preciso. Produce formas y atmósferas que hacen que el proceso estético sea reconocible y legible. En este sentido, si la estética es una forma de experimentar, conocer y dar sentido al mundo, la sensibilidad es la razón y el medio a través del cual intervenirlo y cambiarlo (6).

(6) Susan Sontag, “Notes on Camp” en Against Interpretation and other Essays (New York: Farrar, Strauss + Giroux, 1966)


Desde esta perspectiva, el surgimiento de una sensibilidad estética frente a la experiencia de paisaje implica tres situaciones: una puramente perceptiva, una afectiva y, finalmente, una conceptual. Tal es el caso, por ejemplo, de los pueblos originarios y antiguos pobladores de Chile, quienes acostumbrados a recorrer ciertos territorios, los marcaron con piedras y señales, establecieron vínculos simbólicos y afectivos con determinados lugares, definiendo topónimos y conceptos claves para la configuración de su cosmovisión.

Otra situación de sensibilidad estética frente al paisaje en Chile se reconoce en la segunda mitad del siglo XIX, en el sector más ilustrado de la sociedad santiaguina, la cual entre otras consecuencias, dio lugar a un predominio del género paisajístico en la pintura nacional que duró por décadas (7). El surgimiento de esta sensibilidad tiene origen en la primera mitad del siglo XIX, en la mirada contemplativa del territorio de Chile por parte de los naturalistas y viajeros europeos, quienes desde un prisma determinado por la filosofía de la naturaleza del idealismo alemán y el romanticismo inglés, reformularon el territorio chileno en paisaje nacional; representación, que a la vez se articula con el proyecto político de Nación que se intentaba construir en Chile: la República. El territorio, tanto en su dimensión natural como cultural, desde un prisma científico, por si solo no bastaba para la socialización del imaginario nacional. La naturaleza debió ser dotada de sentimiento, modelarse en iconografía de pertenencia territorial, ser transformada en paisaje, para lo cual el territorio fue mapeado, elaborado y enriquecido como “patria” (8).

(7) Pedro Gandolfo, “No hay paisaje”. Columna de Opinión publicada en diario El Mercurio, 23 de febrero de 2019
(8) G. Cid, J. Vergara, “Representando la “Copia Feliz del Edén”. Rugendas: Paisaje e Identidad Nacional en Chile, siglo XX” en Revista de Historia Social y de la Mentalidades volumen 15, número 2, 2011: 110-111


Hoy, la conservación, creación y enriquecimiento de una mirada rica y sensible en paisaje en Chile pende de dos aspectos fundamentales: el entendimiento de qué es paisaje y una cultura enlazada con la educación estética. Respecto al primero, debemos comenzar distinguiendo el mundo como paisaje y el mundo como algo anterior al paisaje. Los conceptos de naturaleza, territorio o medioambiente no son sinónimos de paisaje. El paisaje es un tipo especial de visión de país. Para que exista paisaje debe nacer como fenómeno concreto, cierta vista, cierta imagen, cierto país y, en segundo lugar, transformarse en una idea estética (9). En relación al segundo aspecto, el desafío está en cómo logramos desarrollar una educación que permita, promueva y deje de darle la espalda, como señala Gandolfo, a la contemplación de lo bello.

(9) Federico López Silvestre, “El Paisaje, ¿nace o se hace?”, Mètode 58 Paisatge/s. Revista de difusión de la investigación de la Universitat de València. (Valencia: Universidad de Valencia, Verano 2008) 97-103


Claudia Larrain Mery. Arquitecta de la Universidad de Chile, Magíster en Arquitectura de Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Máster en Historia y Gestión de Patrimonio Cultural de la Universidad de Los Andes y Presidenta Corporación Cultura de Paisaje en Chile.


(2) William Hogarth, Analysis of Beauty Plate 2 (1753) publicada en Prints of Hogarth´s work (London, 1772) en www.royalacademy.org.uk
(3) Claudio Gay, Una Trilla (1854) publicado en Atlas de la historia física y política de Chile (París: Thunot, 1854) en www.memoriachilena.cl
(4) Rodulfo Phillipi, Paposo (1850) publicado Viage al Desierto de Atacama (Halle en Sajonia: Librería de Eduardo Anton, 1860) en www.memoriachilena.cl.
(5) Pedro José Amado Pissis, Río Hurtado (1875) en www.es.wikipedia.org
REVISA OTRAS COLUMNAS DE ESTA SECCIÓN


2019-10-28T17:25:41-03:00