EL CORAZÓN ENERGÉTICO DE SUDAMÉRICA

Futuriza: Panorama y Materia
Luis Flores Medrano y Sebastián Rodríguez Leiva
13.08.2019
(1) Comunidad locales en el área de estudio © Luis Flores M. para LOFscapes.
(2) Vegetación presente en el área © Luis Flores M. para LOFscapes.
(3) Vegetación presente en el área © Luis Flores M. para LOFscapes.

La construcción del proyecto hidroeléctrico Bala-Chepete en Bolivia se presenta como un emblema del modelo de este país. Sin embargo, su construcción implicaría impactos en la biodiversidad de la zona y el desplazamiento forzado de miles de grupos indígenas y campesinos. Desde la perspectiva de la gobernanza se presentan algunos elementos que permiten comprender de mejor forma este conflicto socioambiental y también, al considerar la noción de paisaje desde sus diferentes dimensiones, permite ver cómo los efectos locales construyen nuevas realidades.

The energetic heart of South America

The construction of the Bala-Chepete Hydroelectric project in Bolivia is presented as an emblem of the model of this country. However, its construction would imply impacts on the area’s biodiversity and the forced displacement of thousands of indigenous and peasant groups. From the perspective of governance there are some elements that allow to better understand this socio-environmental conflict and, when considering the notion of landscape from its different dimensions, allows to see how the local effects build New realities.

Actualmente, a nivel global, el agua es uno de los recursos que genera mayor disputa. América Latina no está fuera de esta realidad, donde las actividades extractivas de recursos han provocado diferentes tensiones socioambientales en las últimas décadas. Un caso relevante y urgente (1) corresponde al proyecto hidroeléctrico Bala-Chepete en Bolivia. Este proyecto emblemático para el gobierno boliviano implica la inundación de una zona de 660 km2 para dotar de energía al país y a Sudamérica, transformándose en uno de los proyectos de mayor envergadura de la región. Pese a los grandes beneficios en términos de infraestructura energética, las zonas a inundar están habitadas por comunidades indígenas que han vivido ahí desde tiempos precolombinos, representando, la puesta en marcha del proyecto, un impacto social y cultural. A esto, se sumaría una profunda afectación del ecosistema, transformando la realidad física y los sistemas naturales activos, desplazando, finalmente a la fauna propia del lugar.

(1) El funcionamiento del primer componente hidroeléctrico Chepete está proyectado entre el 2025 y 2030. El segundo componente El Bala entraría en funcionamiento 15 años después de la construcción del primer componente.

En la transición al período post-neoliberal del Estado Boliviano se establecieron dos objetivos en el ámbito de la energía. En primer lugar, la recuperación de la soberanía mediante el control de los hidrocarburos, lo cual se cumplió mediante el proceso de “nacionalización” de estos recursos. En segundo lugar, evitar la explotación irracional de las reservas de hidrocarburos (2), lo cual aún está pendiente, debido a que el Estado continúa intensamente con esta actividad (3). ¿Por qué no se ha cumplido esto? Entre las explicaciones se encuentra la importancia que posee para el gobierno sostener el crecimiento económico y el pago de bonos sociales a través de los cuales logra legitimidad política.

(2) Gandarillas, M. (2016). La decada dorada del extractivismo. In Rescatar la esperanza. Más allá del neoliberalismo y del progresismo. Primera, pp. 235–285). Barcelona, España: Entre pueblos.
(3) Gudynas et al., (2016). Rescatar la esperanza. Más allá del neoliberalismo y del progresismo (Primera). Barcelona, España: Entre pueblos.


Para alcanzar sus objetivos, se ha propuesto un modelo productivo de carácter económico, social y comunitario basado en la Constitución Política del Estado, la Agenda Patriótica Binacional 2025 (con los 13 pilares), el Plan Nacional de Desarrollo (2006-2011) y el Plan de Desarrollo Económico Social (2016 – 2020). El resultado, lamentablemente, ha sido un proceso de re-primarización de la estructura económica en Bolivia, lo cual ha estado acompañado por una devastación ambiental. Así, si bien se han logrado entregar bonos sociales a la población, apoyando especialmente a aquellas personas en situación socioeconómica vulnerable, también se ha acentuado —aún más— la dependencia en los recursos naturales, lo que ha provocado profundas perturbaciones ambientales.

En este contexto, se inserta el proyecto hidroeléctrico Bala – Chepete. Con una inversión cercana a los 7.000 millones de euros (4) se pretende convertir a Bolivia en un centro exportador de energía al resto de Sudamérica. En particular, el proyecto se localiza sobre el río Beni y se divide en dos componentes. La primera, corresponde a la represa Chepete, la cual se localiza a 70 Km aguas arriba de Rurrenabaque. La segunda, corresponde a Bala, ubicada en las proximidades del llamado estrecho o Angosto del Bala sobre el río Beni.

Los impactos socioambientales asociados a su construcción se definen específicamente aquí como: 1) La afectación de una de las áreas de mayor biodiversidad en el mundo, donde están presentes el 9% de las especies de aves del planeta, 8.000 especies de plantas vasculares (5) y cerca de 2.100 de vertebrados (4). 2) El desplazamiento forzado de aproximadamente 5.000 personas pertenecientes a las 18 comunidades indígenas que configuran la Mancomunidad del Río Quiquibey y que habitan esta zona. 3) La amenaza al desarrollo de actividades de ecoturismo comunitario que sustentan actualmente a habitantes del sector.

(4) Heras, C. (2017). Diario El País. La hidroeléctrica que amenaza a 5.000 indígenas bolivianos. Recuperado el 30 de abril de 2019 desde: https://elpais.com/elpais/2017/09/05/planeta_futuro/1504563761_414612.html
(5) Las plantas vasculares contribuyen a la formación de los suelos y ayudan a prevenir la erosión. Además, beneficia en nutrir la tierra, absorber y retener nutrientes tales como las sales y el agua.


En particular, la visión del Estado de proyectar a Bolivia como fuente energética —eléctrica, de hidrocarburos y minera— de la región para generar excedentes económicos (6), ha prevalecido por sobre la visión y promoción de los actores locales. De este modo, se ha extendido el mensaje de que los impactos se consideran un sacrificio en beneficio de toda la nación y que los actores locales, como grupos indígenas y campesinos, impiden el desarrollo al oponerse, generando perjuicio al país. Así, este caso refleja cómo los derechos de autonomía de la población local y la preservación de áreas naturales protegidas son suprimidos para tener una “energía limpia para la mayoría.” Esto podría ser interpretado como una decisión por mercantilizar los bienes naturales que son despojados de las comunidades locales, en beneficio de actores con mayor influencia en la toma de decisiones respecto al manejo del territorio (7).

(6) MPD (2016). Plan de desarrollo económico y social: en el marco del desarrollo integral para Vivir Bien 2016 – 2020. La Paz: Ministerio de Planificación del Desarrollo.
(7) Seoane, J., Taddei, E., & Algranati, C. (2013). Extractivismo, despojo y crisis climática. Buenos Aires: Herramienta, El Colectivo.


Definitivamente, el proyecto hidroeléctrico Bala-Chepete ilustra cómo las transformaciones del paisaje dependen no solo de necesidades productivas, sino también de fuerzas administrativas y finalmente de representación política y poder.

Luis Flores Medrano. Geógrafo de la Universidad Mayor de San Andrés, MSc Gobernanza del Riesgo y Recursos Naturales, Ruprecht – Karls – Universität Heidelberg, Alemania. Consultor ambiental y análisis geoespacial.

Sebastián Rodríguez Leiva. Geógrafo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, MSc Gobernanza del Riesgo y Recursos Naturales, Ruprecht – Karls – Universität Heidelberg, Alemania. Co fundador de Paisajes en Movimiento.

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