BAHÍA DE QUINTERO: RESISTENCIA ANTE EL SACRIFICIO

Paisajes Tejidos
Javiera Pizarro Osorio para LOFscapes
10.11.2015
(1) Mapa del territorio: El sitio como unidad de paisaje, Puchuncaví y Quintero © Javiera, Pizarro O. para LOFscapes. / (2) Mapa de los contaminantes en la bahía de Quintero © Javiera, Pizarro O. para LOFscapes. / (3) Ilustraciones en base a relatos históricos © Javiera, Pizarro O. para LOFscapes.

La bahía amanece habitualmente bajo la bruma costera. Durante el día su temperatura es templada dada la estabilidad climática que entrega el mar. Se dice que sus condiciones son óptimas para la vida, pero entre la bruma, el viento y las emanaciones de las chimeneas industriales, se produce el efecto contrario. La identidad otorgada a ese espacio, en conjunto con las transformaciones en el territorio, dan cuenta de un paisaje y un sentido de pertenencia que posiciona a un poblado en el mapa, pero ¿bajo qué sacrificio?.

La bahía de Quintero es uno de los casos más icónicos de contaminación ambiental en Chile. Se ubica en las comunas de Puchuncaví y Quintero, siendo el polo de desarrollo económico-industrial de la región de Valparaíso. En 1958 se instaló la termoeléctrica a carbón Ventanas I — la primera industria en colonizar el territorio— y a la fecha se han instalado al menos quince industrias de diferentes rubros en la costa, debido a que la conexión directa con el mar permite la eficiente exportación e importación de productos. La contaminación emanada al ambiente ha afectado desde el inicio de las operaciones, degradando de manera constante y reiterada el agua, los suelos y el aire, los que a su vez han alterado todos los elementos del paisaje.

Pero esto no fue siempre así. Antes de la industrialización, la bahía mantuvo durante al menos cien años, un sistema productivo en equilibrio con el medio ecológico, que hizo próspera a la región. La fertilidad de sus suelos se reflejaba en una vegetación nativa sana, variada fauna y cultivos de trigo y leguminosas que ofrecían el sustento principal y ritmaban la vida de los trabajadores. Benjamín Vicuña Mackenna en “Quintero su Estado actual y su Porvenir” y Mary Graham en “Diario de mi Residencia en Chile” narraron el paisaje y la cultura de Quintero en el siglo xix, exhibiendo sus riquezas naturales: como los bosques de petras, canelos, bellotos del norte y aves como cisnes y flamencos (1). La prosperidad de este lugar se debía a la sana relación entre sus tres elementos geográficos principales: la bahía, la cuenca y la montaña. La bahía —y su gran masa de agua— regulaba las temperaturas y ofrecía humedad; la cuenca recibía los vientos húmedos al interior; y la montaña, como biombo, concentraba la humedad y hacía elevar las nubes formadas propiciando las lluvias sobre el valle.

Lamentablemente, la industria, al ubicarse en la bahía, interceptó el movimiento natural de los vientos, inyectando gases nocivos al aire, las partículas de agua y finalmente la lluvia. En consecuencia, la bruma no es agua, sino que es una fina lluvia ácida que vuelve infértiles a los suelos alterando todo el ciclo de la biodiversidad. Esto provocó que los remanentes del paisaje productivo ligados al trabajo de la tierra, desaparecieran. Así, la industria conquistó el paisaje, con opulencia, ruido y altura, construyendo un nuevo imaginario a partir de la degradación.

La drástica disminución de los cultivos y los efectos de la contaminación sobre la fauna terrestre y acuática, los sistemas hídricos, y los habitantes (manifestado en el importante número de enfermedades respiratorias, muertes, entre otras afectaciones (2)), han permeado en la identidad del territorio y de su paisaje, asumiendo —sin oportunidad de reclamo— su categoría como “zona de sacrificio ambiental” de Chile. Estas “zonas de sacrificio” se definen como lugares donde se concentra una gran cantidad de industrias contaminantes, asociadas a comunidades de escasos recursos (3) y a sectores geográficos donde se ha priorizado el establecimiento de polos industriales por sobre el bienestar de las personas y el ambiente (4) (5).

Esta negligencia ecológica, avalada por la legislación, ha aparentemente fragmentado el paisaje de la Bahía de Quintero. Se privatiza y se vuelve impenetrable, ocultándose de sus habitantes, quienes lo desconocen. En palabras de Elizabeth Meyer este es un paisaje procesado, manufacturado, industrializado y contaminado, uno que no está allá afuera sino aquí, en todas partes, ilimitado, en nuestra agua, suelos y aire; en nuestros barrios, escuelas y grandes parques (6).

A pesar de la crisis y la aparente indeterminación, existen ciertos elementos que dan forma al paisaje de la Bahía de Quintero que permiten visualizar una resistencia ante la contaminación: las remanencias del sistema ecológico. A pesar de que existe una degradación acumulada y profunda, el estrato ecológico se sobrepone a través de espacios y elementos que se mantienen vivos y permiten la mixtura entre la actual imagen industrial y su espíritu rural. Como explica Graciela Silvestri, “lo que alguna vez fue novedad tecnológica se naturaliza y pasa integrarse con la vegetación, el agua, el cielo” (7). Así, las industrias se han incorporado al paisaje de la bahía, con un impacto igual de relevante —aunque de manera perjudicial— que sus elementos naturales geológicos e hídricos, imponiéndose como un cuarto elemento de transformación territorial.

Los efectos de la industria han sido devastadores. Estos hacen evidente la capacidad de las personas de transformar los sistemas naturales mediante las nuevas tecnologías, idea central en discusiones asociadas al cambio climático. Sumado a esto, las insuficientes soluciones Estatales han perpetuado y normalizado la etiqueta “zona de sacrificio”, marcando de manera radical a una comunidad que se ha visto marginalizada por su conceptualización, inclusive más que por sus infraestructuras industriales. Pese a la contaminación, sigue habiendo elementos que delatan una resistencia ecológica ante el “sacrificio” demostrando que, a pesar de su degradación, posee oportunidad de cambio y por tanto que actualmente este sacrificado no es sinónimo de un final irremediable.

“Las palabras marcaron la frontera cuando nosotras éramos silencio (…) fueron palabras ajenas quienes conquistaron nuestra piel” (8).

Javiera Pizarro Osorio. Arquitecta y Magister en Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ayudante de proyectos en la Fundación Cerros Isla. Texto basado en su tesis “De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La Bahía de Quintero como Unidad de Paisaje en Resistencia”. Profesora: Paula Aguirre.

Notas:
(1) Mary Graham, Diario de mi residencia en Chile en el año 1822 (Buenos aires: Francisco de Aguirre, 1972), 92.
(2) Según información del ministerio de salud, las cifras de afectaciones y consultas médicas por enfermedades respiratorias y cáncer en Puchuncaví y Quintero están por sobre el promedio del país según el último estudio del 2016. “Los dolores que aquejan a Quintero y Puchuncaví” consultado el 27 de junio de 2020 en https://www.terram.cl/2018/09/los-dolores-que-aquejan-a-quintero-y-puchuncavi/
(3) “Zonas de Sacrificio”, OCEANA, consultado el 13 de marzo de 2020 en https://chile.oceana.org/zonas-desacrificio/
(4) “Zonas de Sacrificio”, Terram, consultado el 13 de marzo de 2020 en https://www.terram.cl/carbon/zonas-desacrificio/
(5) En Chile existen cinco zonas de sacrificio establecidas por diversas ong; Mejillones, Tocopilla, Huasco, Puchuncaví-Quintero y coronel. En conjunto cuentan con un total de 27 centrales termoeléctricas a carbón, las que concentran altos niveles de contaminación.
(6) Elizabeth Meyer, “Uncertain Parks. Disturbed Sites, Citizens, and Risk Society”, en Large Parks, ed. Julia Czerniak and George Hargreaves, (New York: Princeton Architectural Press, 2007), 66.
(7) Graciela Silvestri, El color del río: Historia cultural del paisaje del Riachuelo. (Argentina: Colección Las ciudades y las ideas, Universidad Nacional de Quilmes, 2003), 41.
 (8) Josepa Bru, “Cuerpo y palabra o los paisajes de la cautividad”, en La construcción social del paisaje, ed. por Joan Nogué, (Madrid: Editorial Biblioteca Nueva, 2007), 75.
(4) Colección Archivo Fotográfico CAF (2019) – © Biblioteca digital Universidad de Chile
(5) Mary Graham, Grabado Bahía de Quintero (1822) – © Memoria Chilena
(6) Turismo Humedal, Bahía de Quintero (1957) – © Colección de turismo humedal Puchuncaví
(7) Nicolas Navarrete, La bahía de Quintero (2019) – © para tesis De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La bahía de Quintero como unidad de paisaje en resistencia.
(8) Nicolas Navarrete, La bahía de Quintero (2019) – © para tesis De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La bahía de Quintero como unidad de paisaje en resistencia.
(9) Nicolas Navarrete, La bahía de Quintero (2019) – © para tesis De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La bahía de Quintero como unidad de paisaje en resistencia.
(10) Nicolas Navarrete, La bahía de Quintero (2019) – © para tesis De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La bahía de Quintero como unidad de paisaje en resistencia.
(11) Nicolas Navarrete, La bahía de Quintero (2019) – © para tesis De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La bahía de Quintero como unidad de paisaje en resistencia.
(12) Fabian Acuña, La bahía de Quintero (2019) – © para tesis De Paraíso Agrario a Zona de Sacrificio. La bahía de Quintero como unidad de paisaje en resistencia.
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2020-11-10T16:54:29-03:00
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